Publicado: marzo 25, 2025Última actualización: marzo 20, 2026

El conflicto arancelario entre Canadá y EE. UU. convierte la energía en un arma

Por: Categorías: Nacional
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Si el primer ministro de Ontario, Doug Ford, hubiera cumplido su amenaza del 10 de marzo de imponer un impuesto del 25% a las exportaciones de electricidad de su provincia hacia Estados Unidos, habría marcado un hito histórico: el gobierno de un miembro del G7 y de la OTAN utilizando la «fuerza eléctrica» como arma contra otro aliado. La medida fue una respuesta a otro suceso inédito: el paquete de aranceles del presidente Donald Trump contra Canadá (así como contra México y China). El paquete estadounidense incluía un gravamen del 10% a las exportaciones de petróleo y gas, y un [...]

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Si el primer ministro de Ontario, Doug Ford, hubiera cumplido su amenaza del 10 de marzo de imponer un impuesto del 25% a las exportaciones de electricidad de su provincia hacia Estados Unidos, habría marcado un hito histórico: el gobierno de un miembro del G7 y de la OTAN utilizando la «fuerza eléctrica» como arma contra otro aliado. La medida fue una respuesta a otro suceso inédito: el paquete de aranceles del presidente Donald Trump contra Canadá (así como contra México y China). El paquete estadounidense incluía un gravamen del 10% a las exportaciones de petróleo y gas, y un arancel del 25% a otros bienes.

Trump ha presentado los aranceles como herramientas para alcanzar diversos objetivos: desde combatir el tráfico de fentanilo y la inmigración ilegal, hasta reactivar la industria manufacturera estadounidense, equilibrar el presupuesto y reducir el déficit comercial. Pocos expertos ven los aranceles como la solución a estos problemas —los economistas suelen abogar por el libre comercio—; no obstante, la Casa Blanca ha subrayado su valor como mecanismo de presión en las negociaciones.

Al final, la sanción energética de Ontario no se materializó. Ford dio marcha atrás después de que Trump amenazara con aumentar al 50% los aranceles al aluminio y acero canadienses, y sugiriera la idea de declarar una «Emergencia Nacional de Electricidad» para mantener el suministro en Nueva York, Michigan y Minnesota, los tres estados que importan electricidad de Ontario.

Por qué Canadá tiene las de perder frente a EE. UU.

¿Fue la amenaza de Ford real o meramente simbólica? Argus Media citó a Ford estimando que el recargo habría afectado a 1.5 millones de hogares y empresas, incrementando los costes de importación de EE. UU. en hasta 400,000 dólares diarios, lo que se traduce en un aumento de 100 dólares por consumidor al día. Ciertas regiones industriales del estado de Nueva York y del Medio Oeste superior podrían haber enfrentado volatilidad de precios o tensiones en el suministro, particularmente en temporadas de máxima demanda.

Sin embargo, la mayoría de los estados de EE. UU. cuentan con conexiones de red diversificadas que reducen su vulnerabilidad ante cambios en el suministro exterior. Además, según el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), las importaciones de electricidad desde Canadá representan solo el 0.3% del total de la demanda eléctrica anual de EE. UU. Para las tres redes estadounidenses afectadas, la energía canadiense representa apenas el 5%, 3% y 1% de su demanda anual, respectivamente, y esas cifras han ido disminuyendo. Un informe de la Administración de Información Energética (EIA) del cuarto trimestre de 2024 mostró que las exportaciones canadienses han caído, ya que las sequías limitan la energía hidroeléctrica y los bajos precios del gas en EE. UU. reducen la necesidad de importar. De hecho, EE. UU. se convirtió en exportador neto de electricidad a Canadá en 2023.

En el plano político, la amenaza puso a prueba si otras provincias canadienses apoyarían el uso de la electricidad como moneda de cambio. El 9 de marzo, un día antes de que el impuesto de Ontario entrara en vigor, CTV News informó que el primer ministro de Quebec, François Legault, no descartaba subir las tarifas a Vermont bajo un contrato a largo plazo. El primer ministro de Columbia Británica, David Eby, afirmó que su gobierno estaba redactando leyes para permitir nuevos recargos o restricciones a las exportaciones hacia EE. UU. Las otras tres provincias con conexiones transfronterizas —Alberta, Saskatchewan y Manitoba— no siguieron el ejemplo. La primera ministra de Alberta, Danielle Smith, se opuso a la idea desde el principio.

El papel limitado de la electricidad canadiense en la demanda de EE. UU., sumado a la falta de unidad provincial, podría explicar por qué Ford finalmente cedió. Pero la contraamenaza de Trump también fue fundamental. El mayor coste habría recaído sobre Ontario. Según la Biblioteca del Parlamento de Canadá, el 85% de las exportaciones de Ontario se dirigen a Estados Unidos. El economista Trevor Tombe, de la Universidad de Calgary, estima que el comercio con EE. UU. representa el 40% de la economía de Ontario y el 30% de la de Canadá. En contraste, el comercio de EE. UU. con Canadá representa solo el 3% de la economía estadounidense.

Ford obtuvo algo a cambio: una invitación para participar en una reunión bilateral sobre el futuro del T-MEC (USMCA). Trump calificó a Ford de «caballero» en una declaración pública a principios de marzo desde los jardines de la Casa Blanca, y Ford afirmó haber aceptado la «rama de olivo» con cortesía.

Las sanciones energéticas no son para los aliados

Hace más de dos mil años, el general y sabio chino Sun Tzu escribió que «ninguna nación se beneficia de una guerra prolongada» y subrayó que «la mayor victoria es la que no requiere batalla». Pero si se considera la lucha, «quien desee pelear debe primero calcular el coste», y si se desea poner fin a las hostilidades, «construye a tu oponente un puente de oro para que pueda retirarse».

Ni Canadá ni EE. UU. se benefician de convertir una disputa sobre el tráfico de fentanilo y la inmigración en un conflicto comercial más amplio que mute en una guerra energética. Históricamente, este tipo de sanciones se han utilizado entre adversarios —como EE. UU. y la UE contra Irán o Rusia, o Rusia contra Ucrania—, no entre aliados.

Ciertamente, los impuestos a la exportación y los aranceles son herramientas menos extremas que un embargo, pero EE. UU. desplegó un arancel del 10% sobre el petróleo y el gas canadienses para extraer concesiones en áreas ajenas a la energía. El arancel del 25% de Ontario buscaba concesiones en la política comercial estadounidense. Esto se parece mucho a una sanción. El simple hecho de considerar tales herramientas en el sector energético supone un cambio preocupante en la forma en que podrían gestionarse las disputas en el futuro.

Tanto Trump como Ford parecen haber calculado el coste de la confrontación y lo consideraron demasiado elevado. Cada uno pareció ofrecer al otro un puente de oro para la retirada. En ese sentido limitado, sus estrategias funcionaron… por ahora.

El uso de amenazas energéticas —o peor aún, sanciones— para resolver disputas en América del Norte sería perjudicial si se convierte en tendencia. Los aranceles a los productos lácteos son disruptivos, pero la leche y el queso tienen sustitutos. La energía es otra cuestión. Es el motor vital de toda actividad económica.

Esta columna fue publicada originalmente en inglés en Forbes. El texto y la imagen se reproducen aquí con el permiso del autor. Imagen: Cortesía de Forbes.

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