Por qué las importaciones de energía refuerzan la seguridad energética

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En la Cumbre Internacional sobre el Futuro de la Seguridad Energética celebrada la semana pasada, los líderes del Reino Unido y la Unión Europea destacaron dos objetivos: expandir el despliegue de energías bajas en carbono de «producción nacional» y reducir la dependencia de la energía extranjera. Celebraron la interdependencia energética dentro de Europa —entre aliados—, pero no con Rusia, que ha utilizado la energía como un arma de presión geopolítica. Reducir la dependencia energética exterior es un objetivo razonable. Un país que importa el 90% de su energía está más expuesto a las crisis de suministro internacional que uno que [...]
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En la Cumbre Internacional sobre el Futuro de la Seguridad Energética celebrada la semana pasada, los líderes del Reino Unido y la Unión Europea destacaron dos objetivos: expandir el despliegue de energías bajas en carbono de «producción nacional» y reducir la dependencia de la energía extranjera. Celebraron la interdependencia energética dentro de Europa —entre aliados—, pero no con Rusia, que ha utilizado la energía como un arma de presión geopolítica.
Reducir la dependencia energética exterior es un objetivo razonable. Un país que importa el 90% de su energía está más expuesto a las crisis de suministro internacional que uno que solo importa el 20%. Sin embargo, excluir por completo la energía extranjera de una estrategia nacional de seguridad energética es una visión miope. Las importaciones aportan flexibilidad cuando los sistemas domésticos fallan. Las crisis de suministro, como la volatilidad de los precios, también pueden ser de origen interno.
La resiliencia, más que la independencia, es fundamental para la seguridad energética. A los países que pueden responder a las crisis y recuperarse rápidamente les va mejor. Las importaciones de energía contribuyen a la resiliencia al permitir que los países alternen entre distintas fuentes y, en general, afronten las emergencias con mayor eficacia.
Las importaciones ayudan a estabilizar los sistemas energéticos
Las recientes crisis energéticas en Japón, Alemania y Texas demuestran cómo las importaciones marcan la diferencia en la seguridad energética.
1. Japón recurrió a la importación de combustibles fósiles tras el parón nuclear
Japón sufrió una crisis energética en 2011, después de que un potente terremoto de magnitud 9.0 y un tsunami azotaran la central nuclear de Fukushima Daiichi. El suceso provocó el cierre de la generación nuclear en todo el país, lo que supuso la pérdida del 30% del suministro eléctrico nacional.
A medida que Japón desconectaba gradualmente 54 reactores nucleares durante los meses siguientes, aumentó las importaciones de gas natural licuado (GNL), petróleo y carbón para intensificar la generación térmica. El país se convirtió rápidamente en el mayor comprador de GNL del mundo, incrementando sus compras en un 25%. En un año, la cuota de los combustibles fósiles en la combinación eléctrica pasó del 60% al 90%.
Los precios de la electricidad subieron y el déficit comercial aumentó, pero Japón evitó los apagones. Años de inversión en terminales de importación, infraestructura portuaria y relaciones comerciales diversificadas hicieron que el sistema energético japonés fuera resiliente.
2. Alemania sustituyó el gas natural ruso mediante la diversificación
Antes de 2022, Alemania dependía de Rusia para el 65% de su gas natural y servía como corredor de tránsito del gas ruso hacia varios países de Europa del Este. Este modelo colapsó tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia y el cierre de los gasoductos Nord Stream y Yamal.
Alemania respondió impulsando las importaciones por gasoducto desde Noruega y los Países Bajos, construyendo terminales flotantes de GNL en tiempo récord y asegurando contratos de suministro con Estados Unidos, Qatar y otros países. El gobierno alemán también implementó medidas como requisitos obligatorios de almacenamiento y campañas de ahorro energético para reducir la demanda.
Al igual que Japón, Alemania confió en los mercados energéticos mundiales para compensar la pérdida del gas ruso. Aunque la crisis dejó al descubierto su excesiva dependencia, la capacidad de Alemania para cambiar las rutas de suministro y recurrir a importaciones diversificadas resultó esencial para su resiliencia.
3. Texas pagó el precio del aislamiento
Texas también se enfrentó a una interrupción provocada por fuerzas de la naturaleza. En 2021, la tormenta invernal Uri trajo un frío extremo que congeló pozos de gas, gasoductos, pilas de carbón y algunas turbinas eólicas. Al dispararse la demanda de electricidad y calefacción, la capacidad de generación colapsó.
Texas no pudo importar energía para cubrir el déficit porque su red eléctrica funciona, en gran medida, de forma aislada del resto de Estados Unidos. Esta independencia dejó a Texas sin acceso a los mercados eléctricos vecinos. ERCOT, el operador de la red, no tuvo más remedio que ordenar apagones rotativos para evitar el colapso total de la red. Más de 4 millones de texanos se quedaron sin electricidad. Los servicios de agua y gas también fallaron, ya que los sistemas de bombeo dependían de la energía eléctrica.
Texas carecía de la infraestructura, el marco legal y la flexibilidad política para importar electricidad. El exceso de énfasis en la autonomía frente a la integración, y la escasa regulación para «climatizar» su infraestructura energética ante el invierno, la dejaron expuesta cuando llegó la tormenta. Su sistema energético era independiente, pero no resiliente, durante la fase más crítica de la tormenta invernal.
La diversificación de las importaciones genera resiliencia
El hecho de que el comercio de energía refuerce o debilite la seguridad depende de cómo se gestione. La dependencia excesiva de un solo proveedor o de un número limitado de ellos, de rutas comerciales, fuentes de energía o tecnologías crea un riesgo sistémico. Japón dependía demasiado de la energía nuclear nacional. Alemania se apoyó en exceso en el gas natural ruso. Texas permaneció demasiado aislada de los mercados externos. Sin embargo, Japón y Alemania utilizaron el comercio para contener sus crisis energéticas. Texas carecía de esa opción por diseño, y pagó el precio.
Las importaciones no son el problema para el futuro de la seguridad energética. Una estrategia de comercio energético bien diseñada distribuye el riesgo y crea opciones, equilibrando el suministro de energía «nacional» y el extranjero.
Esta columna fue publicada originalmente en inglés en Forbes. El texto y la imagen se reproducen aquí con el permiso del autor. Imagen: Cortesía de Forbes.
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