El futuro de la seguridad energética de Europa.

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La semana pasada, el gobierno del Reino Unido y la Agencia Internacional de Energía (AIE) convocaron a representantes de sesenta países y cincuenta empresas a una Cumbre Internacional sobre el Futuro de la Seguridad Energética. Los discursos y debates reiteraron varios principios de sobra conocidos para la seguridad energética, entre ellos la importancia de diversificar las fuentes de energía, ofrecer previsibilidad en las políticas y fomentar la cooperación internacional. Los participantes también reconocieron, como es admitido comúnmente, que la seguridad energética significa cosas distintas para cada país, dependiendo de su nivel de ingresos y de sus recursos naturales. La Estrategia [...]
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La semana pasada, el gobierno del Reino Unido y la Agencia Internacional de Energía (AIE) convocaron a representantes de sesenta países y cincuenta empresas a una Cumbre Internacional sobre el Futuro de la Seguridad Energética. Los discursos y debates reiteraron varios principios de sobra conocidos para la seguridad energética, entre ellos la importancia de diversificar las fuentes de energía, ofrecer previsibilidad en las políticas y fomentar la cooperación internacional. Los participantes también reconocieron, como es admitido comúnmente, que la seguridad energética significa cosas distintas para cada país, dependiendo de su nivel de ingresos y de sus recursos naturales.
La Estrategia de Seguridad Energética de Europa
La novedad —si es que se le puede llamar así— surgió de la reafirmación de una visión europea emergente sobre cómo aplicar estos principios ante la invasión rusa de Ucrania, las interrupciones en las cadenas de suministro globales y el cambio climático. Aunque el Reino Unido y la Unión Europea, al igual que prácticamente todos los países, equiparan la seguridad energética con la seguridad nacional, ahora abogan por invertir con mayor fuerza en la transición energética para fortalecer sus sectores energéticos nacionales y, según esperan, alcanzar una mayor independencia.
Desde su perspectiva, las fuentes de energía «propias» (homegrown) son menos susceptibles a la manipulación externa que los combustibles fósiles importados. Además, las inversiones en energías limpias pueden ser motores de creación de empleo y de un crecimiento ambientalmente sostenible.
Las declaraciones del primer ministro británico, Keir Starmer, ilustraron esta postura. Tras señalar que su país, como muchos otros, ha sufrido una «sobreexposición» a los mercados energéticos internacionales —dejando la economía y los presupuestos familiares vulnerables «a los caprichos de dictadores como Putin, a las escaladas de precios y a una volatilidad que escapa a nuestro control»—, afirmó que la política de su gobierno consistiría en «aprovechar la oportunidad de la transición a las energías limpias, porque la energía propia es la única forma de recuperar el control de nuestro sistema energético, garantizar la seguridad y reducir las facturas a largo plazo».
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, compartió un mensaje similar. Reflexionando sobre la pasada dependencia de Europa del gas natural ruso, señaló: «Durante décadas, no reconocimos los costes que conllevaba esta dependencia. El riesgo de chantaje, la coacción económica, las crisis de precios; esa realidad quedó al descubierto tras la invasión a gran escala de Ucrania. Rusia intentó explotar nuestra sobredependencia cortándonos el suministro de gas». En respuesta, explicó von der Leyen, la UE redujo sus importaciones de Rusia, aseguró suministros alternativos de Noruega y EE. UU., se asoció con Japón y Corea del Sur, y reforzó las políticas para promover inversiones en energías renovables. «Las renovables limpias y propias», concluyó, «no solo fortalecen nuestra resiliencia, sino que… también impulsan nuevos empleos y más innovación en nuestras propias economías. A medida que nuestra dependencia energética de los combustibles fósiles disminuye, nuestra seguridad energética aumenta. Esa es la lección que hemos aprendido en Europa».
Límites de la Transición Energética como Estrategia de Seguridad
En teoría, apostar por la transición energética para reforzar la seguridad energética tiene sentido para un importador neto de energía como Europa, pues amplía y diversifica las fuentes disponibles. En la práctica, sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer antes de que la energía eólica, la solar y otras fuentes limpias marquen una diferencia significativa en la fiabilidad del suministro.
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En primer lugar, las renovables requieren todavía grandes inversiones en infraestructura, especialmente en líneas de transmisión nuevas y costosas. Por ello, Europa —que según la Global Transmission Database ya es la región con más interconexiones transfronterizas del mundo— sigue invirtiendo en la ampliación de su red. Una electrificación fiable con renovables requiere flexibilidad. Cuando el viento no sopla o el sol no brilla, los sistemas renovables deben depender de la capacidad de respaldo de los combustibles fósiles y la energía nuclear, al menos hasta que el almacenamiento en baterías a escala de red sea más barato y se generalice.
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En segundo lugar, los sistemas de energía limpia, al igual que los basados en combustibles fósiles, exigen un compromiso internacional sólido y costoso. La distribución geográfica de los minerales y materiales críticos para las tecnologías de energía limpia —como el litio, el cobalto y las tierras raras— difiere de la del petróleo, el gas natural o el carbón. Podrían ser necesarias la diplomacia, las alianzas estratégicas e incluso despliegues militares para asegurar las cadenas de suministro en nuevas regiones del mundo.
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En tercer lugar, la creciente digitalización de los sistemas energéticos los hace vulnerables a los ciberataques, lo que requiere diseños sofisticados capaces de resistir acciones hostiles. Estos ataques también afectan a las industrias de combustibles fósiles, pero las redes eléctricas son menos flexibles y más vulnerables que la infraestructura utilizada para mover combustibles líquidos.
En resumen, la transición energética sigue siendo costosa en comparación con la operación de los sistemas actuales basados en combustibles fósiles. El objetivo a largo plazo puede ser reducir los costes operativos y lograr una mayor resiliencia, pero los costes iniciales son sustanciales y es poco probable que desaparezcan los riesgos de fallos del sistema, ya sean técnicos, políticos o climáticos.
Ningún País es una Isla
Fatih Birol, director de la AIE, señaló en la cumbre que «ningún país es una isla» en lo que respecta a la energía. Esto es especialmente cierto en el caso de los precios. Lo que ocurre en una región acaba afectando a otra directa e indirectamente. Esto pone en duda la afirmación tanto de Starmer como de von der Leyen de que la energía propia protegerá a los consumidores de la volatilidad de los mercados internacionales.
En la medida en que las renovables sustituyan a los combustibles fósiles, los consumidores podrían, en efecto, encontrar cierta protección frente a las subidas de los precios del petróleo y el gas. Sin embargo, no hay garantía de que el coste de la energía producida internamente sea siempre menos volátil o más barato. Si el sistema energético nacional de un país flaquea debido a las condiciones meteorológicas, a cuellos de botella en el suministro o a una mala gestión del sistema, la escasez puede hacer que los precios suban con la misma intensidad que un choque de suministro internacional. En otras palabras, la volatilidad de los precios de la energía también puede ser «propia».
Estas dificultades fueron las que motivaron a los organizadores a convocar esta cumbre en primer lugar. Su objetivo era subrayar el mensaje de que la cooperación internacional —para desarrollar nuevas tecnologías, financiar infraestructuras, asegurar las cadenas de suministro y ampliar el comercio energético mundial— es esencial para acelerar la transición energética y reducir la volatilidad global de los precios. Y quisieron recordar a los responsables políticos, como subrayó Birol, que las tres «reglas de oro» de la seguridad energética en un mundo fragmentado siguen siendo la diversificación, la previsibilidad y la cooperación.
Esta columna fue publicada originalmente en inglés en Forbes. El texto y la imagen se reproducen aquí con el permiso del autor. Imagen: Cortesía de Forbes.
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